Dos locos enamorados se perdieron en la idealización de los principios.
Anclados en las mariposas,
en las noches de conexión interminables y
las conversaciones a todo corazón,
dejaron sus ganas de serlo todo en un lugar donde el tiempo hacía que se asfixiaran.
Se empeñaron en llamar sano a lo tóxico y perdieron el sentido común.
Existió un inicio maravilloso, único, sin igual para los dos,
pero poco a poco se convirtió en el juego inútil de juntar dos piezas que no encajaban.
Eran lección y vistiendo de gala, con trajes demasiado grandes y pequeños, se obcecaron en llamarlo amor.
El amor no duele,
el dar no pesa,
el ser fomenta,
sin embargo ellos ya no sabían ni quien eran.
Se desorientaron por tratar de cuadrar,
callaron su grito de auxilio por un desgaste más.
Y al final,
murieron juntos para resucitar por separado.
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