Te lo confieso, entre tanto llanto se me escapó una risa irónica al ver tu huida cobarde.
''No soy feliz aquí''.
¿Cuánto de mí había en ese ''aquí'' impregnado de tus miedos?
Que fácil salir corriendo cuando te toca enfrentarte a ti.
Te quise bien, te admiré en todo,
y al final no te vi.
El capricho de cambiar un vestido viejo,
que hay que cuidar en el tiempo,
por uno nuevo que reluce en el escaparate.
Tranquilo, quédate ahí en la idealización de los primeros usos.
Verte apartar todo lo que hubiéramos podido ser dolió,
pero en esa risa me sentí compadeciéndote por permitirte desaprovecharlo.
A mí, allí, ya no me quedaba nada,
me arrancaste las ganas del alma de ser hogar.
A ti, allí, se te quedaron todas las esperanzas de evolucionar.
Huir, la forma catastrófica de perder(te)se.
