La verdad es ese arma de doble filo que tanto daño puede hacerte y a la vez, tanto te puede aportar.
Prefiero miles de verdades, que duelan y te hagan fuerte, que una mentira para intentar hacerte sentir mejor, mentiras que te hacen dar un paso hacia atrás y te impiden seguir avanzando.
Prefiero a esas personas que van de cara y te pueden hacer daño con una verdad, que a esas que te bailan el agua y luego te la dan por detrás.
Aparta a quién no aporta, mi frase predilecta.
Desilusiones te llevas millones al cabo de tu vida pero en el fondo que bonito es, que bonito es poder acabar tu vida con esas personas que si merecen que compartas tu tiempo con ellas. Voy madurando y me voy dando cuenta de que muchas de las que me juraron un "siempre" nunca están, si para salir de fiesta, si para pedirte favores pero no a la hora de la verdad. Muy fácil era la amistad en la etapa del instituto, donde vivíamos en un mundo paralelo en el cual la mayor preocupación era si le gustabas al chico del pupitre de en frente. Niñerías que ya no están. Ahora que me hago mujer, persigo metas y cada caída duele de verdad, sin magnificaciones por la edad del pavo. Ahora de esas personas que te animaban a conseguir al chico más guapo de la clase para ti, pocas están. Y menos mal. Porque lejos de sentirme sola, me siento bien, porque quedaron algunas, las que son afines a mi y no las que creían serlo. Etapas que enseñan, etapas que estrujo para una vida mejor.
Gracias a las personas que demuestran que con ellas no, que no merece la pena nada más que un chupito de fiesta a su lado. Y gracias también a esas personas que aún que no las veas a diario, una charla con ellas, te cerciora de que tampoco elegiste tan mal, que ellas si valen, ellas si suman.
Personas que van, personas que vienen, personas que aparto sin anestesia, todo suma, todo enseña.
Y menos mal.
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