Si por un segundo hubiera sido valiente, si hubiera sido capaz de quererte como mereces ser querido, en ese remoto caso, este cuento no habría tenido fin, habría sido lo que llaman, una historia interminable.
Llueve y ya no estás a mi lado, ya no me arropas con tus brazos ni me besas para despedir el verano. Ya no existes en mi día a día, a veces en un descuido te busco y lo único que logro encontrar son esos recuerdos del pasado que tan culpable me hacen sentir. Si por un segundo hubiera sido valiente, si hubiera sido capaz de quererte como mereces ser querido, en ese remoto caso, este cuento no habría tenido fin, habría sido lo que llaman, una historia interminable. Pero no fui capaz y te obligué a marcharte, sin quererlo pero queriendo, así fue el adiós más vacío que dio paso al invierno.
Eres mi debilidad, en presente lo escribo sí, siempre lo serás, pero no puedo aceptar tenerte preso de mí, de mis inseguridades, de mis idas y venidas, sabiendo que tu corazón lo sufre en silencio. Cuántas veces me fui y volví, cuantas veces busqué excusas para que te cansaras de mí y aún así, nunca te marchaste de mi lado. Siempre me dijiste que el amor lo puede todo y que la vida está hecha para vivirla junto a la persona que al mirarla, sientes que tu mundo llena. Ese eras tú, eras y serás, al que quise como a nadie y al que nadie querrán como yo lo hice.
Escéptica en el amor hasta que tú apareciste, pusiste mi mundo patas arriba y como si de un juego se tratase me enseñaste que enamorarse, es la esencia de la vida. No pude tener mejor maestro, mi yo más verdadero apareció con cada paso que tú diste a mi lado.
Perdóname por no estar a la altura, perdóname por intentarlo y no conseguirlo. La gente suele decir que si dejas marchar a alguien es porque verdaderamente no sentías lo que decías pero, qué me van a decir a mí, si de tanto que te amé me vi anclada en el laberinto de este nosotros que construimos poco a poco, alargando el camino porque tampoco imaginaba una vida sin ti al llegar a la salida.
Que loco el amor y que locos nosotros que nos engañamos con cada abrazo, cada beso y cada vez que hicimos el amor, era en esos momentos, en los que parábamos el tiempo, cuando sin saberlo más daño nos hicimos, convirtiéndonos en cómplices adictos, cómplices el uno del otro.
Tu cuerpo y mi cuerpo unidos por una perfecta sintonía, tus labios y mis labios encajando a la perfección, tu voz, llenando mi alma de magia en cada despertar en tu cama.
No hay un por qué en este adiós, sólo un por quien. Mi por quien eres tú, pero si quieres un por qué, digamos que es la felicidad que deseo que encuentres lejos de mí y espero que entonces, cuando halles a ese alguien que esté a tu altura, puedas perdonar mi marcha.